LAS PALABRAS QUE USAMOS Acocoxóchitl o dahlia – quién decide?

Posted on: mayo 4th, 2020 by ann-marie No Comments

Esto pasó hace mucho tiempo. Había un lugar en nuestro estado vecino Puebla donde el agua volcánica brotaba de la pared de la montaña y luego fue llevada a unas albercas para los que se querían meter. El agua era caliente y gris, completamente opaca, con un olor de huevo. 

Hace mucho tiempo fuimos allá para disfrutar los manantiales saludables, los bellos bosques de pino y la aventura de bajar el camino de tierra de muchas curvas desde el altiplano. Nosotros, juntos, con unos pocos más. La experiencia fue grandiosa del agua caliente en medio del paisaje virgen donde el follaje nos parecía abrumadora después de la aridez del altiplano de una altura de más de 2000 metros de dónde veníamos; nos curó de todo.

Hace mucho tiempo desde nos paramos en el invernadero de mil colores a la orilla del valle profundo. Los colores de las flores en las macetas en los estándares improvisados  brillaban. Dalias. Dahlior. “Esta es la más bella!” “No, es esta! Mira, se ve cómo una pelota!” “Han visto esa sencilla, tiene la forma de una estrella…” Todos vimos nuevas formas, nuevos colores, nuevas dalias. Pero no. Ahora apareció el hombre que no habíamos visto al primer instante en medio de los colores frente a nosotros. “No se llaman dalias. La flor tiene un nombre que le dieron los primeros mexicanos que llegaron a este paisaje hace mucho tiempo. El nombre cuenta que es una flor que lleva el agua por su tallo, un tubo de agua. Acocoxóchitl, así se llama.” “Pero, no fue nuestro científico fantástico Linné que  dió el nombre a esta flor que descubrió?”, pregunté dudando. El hombre frente a mí se rió. “Se descubrió por quién, señora?” “Pues, primero por los españoles” murmuraba y oí que no sonaba muy convincente. “Y luego por los botánicos que la clasificaban y la nombraban Dalia.” 

Acocoxóchitl. Qué significa si doy el nombre a algo? Es lo mismo que descubrirlo? Y, tal vez conquistarlo? Si doy mi nombre a una flor, quiere entonces decir que me doy el derecho de propiedad de alguna manera, o, por lo menos el dominio? Para el hombre en el invernadero de Chignahuapan el nombre de la flor no era dalia, sino otro, un nombre que existía desde los tiempos de los primeros pueblos en México. Su nombre de flor reflejaba no sólo una lengua como el nahuátl en contraste de otra lengua, sino también su visión del mundo que le rodeaba. Estaba lleno de lazos conectados a otros tiempos, otras tradiciones y conocimientos que el nombre más conocido de dalia no contenía. Otro nombre, otra historia y otros significados.  

Por medio del nombre de una flor podemos descubrir no sólo la flor misma sino también la historia de los seres humanos que la rodean. Los dos nombres de flor de los que estoy hablando aquí, representan dos regímenes de conocimientos diferentes y son cargados de relaciones de poder. El conocimiento de quién vale más? Las denominaciones de quién serán prioritadas? Estas preguntas son importantes recordar en todos los diálogos que se llevan entre culturas, especialmente los acerca de nuestro mundo y cómo vamos a enfrentar a la crisis climática. En una discusión global sobre la sustentabilidad es crucial entenderse y tomar en cuenta que varios regímenes de conocimiento están en comunicación. Consecuentemente, es necesario analizar la lengua que usamos para describir nuestra realidad y con humildad escuchar nuestros interlocutores, su opción de palabras y descripción del mundo que compartimos y que existía mucho antes de nosotros. 

Hace mucho tiempo desde el primer acocoxóchitl, o dalia, estrechó sus primeras hojas de la tierra y hace mucho tiempo desde el vendedor que nos encontramos en los manantiales desapareció del lugar. Hoy en día se dice SPA del lugar, pero prometo, es el mismo lugar de antes, en una valle, en medio del bosque, en algún lugar en Puebla. 

Esta entrada también está disponible en: Sueco

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